27 de septiembre de 2016

Antes de ayer

Fue la segunda vez que ese escalofrío recorría mi cuerpo. La primera ocasión era una niña en transición; la que jugaba fútbol con los de la cuadra; la que pudo ser género no binario (ni niña ni niño - queer- yo) o solo un algo animado; la que interrumpió su naturalidad para cuestionar sus culpas; la que recriminó a su dotación de feminidad más angustia. Ningún acto fue consumado pero parte de la magia de mi ser había sido consumida.

Me permití razonar que lo mío no había pasado, que para declarar cualquier abuso sexual se necesitaba una silueta "agradable", de buenas proporciones y de ideal alcanzado, y no, solo fui una niña con exceso de peso y ropa holgada que minimizaba los rastros de mi biología. La casualidad de un hombre que pretende vulnerabilizar a una niña, y mujer, no tiene contratiempo; tampoco es un acto de merecimiento ni de provocación, mucho menos, un desliz del destino.
 
Fue un día anterior a este, domingo, como pudo ser para Lucía el martes o el jueves para Yadira; caminé por la avenida que ya conozco; lo vi a cinco metros de distancia, aproximadamente, después fueron 10 centímetros; cara enrojecida por las drogas o el alcohol, no lo sé; la experiencia me permitió saber que me impediría el paso por la acera, fui más rápida que él, pude huir y esquivarlo; corrí lo más fuerte que pude, no iba a gritar porque siempre pienso que existen más cómplices de la "justicia mexicana" para encubrir los delitos que personas trascendentales; a lo lejos lo vi con el pene afuera, una vez más la diferencia de nuestros genitales exhortaba un acto de superioridad.
 
¿Qué espero de ti al leer esto? Nunca tu compasión, en dado caso hazlo por ti, por tu prejuicio y tu silencio. No me digas que estoy bien, no determines que al no ser ultrajado mi cuerpo (biológico) estoy a salvo; cuestiona si debería preocuparme cada día por solo ser agradable para los ojos, y piel, de mi novio y nada más; no cultives la posesión en donde no la hay, no aterrices tu indagación en cómo fue o en encontrar culpables, es más, no te aferres a borrar con un "lo siento" una cicatriz que permanece en mi (de)construcción constante de mujer. Únicamente pretendo que esto sirva y sea el vehículo de mi furia siendo letra porque solo soy el testimonio de una mujer que logró escapar de la intención de un hombre para abusar de ella.

19 de septiembre de 2016

el día después del día


Soy mujer y es mi obligación hablarte sobre una de las vicisitudes de serlo, qué hay el día después del día, lo resumo en una secuencia de emociones: quedar bien en el sexo; una serie de respuestas que agradan a él; de los "no" que son "sí"; de volver a tu sistema hormonal el director de orquesta de tus decisiones; venganza; no entender tus periodos menstruales y los miedos cuando no llegan; tu coraje porque puedes y tienes planes que pueden ser truncados; de ese don que tienes porque te gusta salvarte debido a que (según) todo tiene solución excepto la muerte... Y un amplio etcétera como intermediario en cada una de estas.
 
Hace poco escuché a una mujer poner como pretexto quedar embarazada para mantener a su lado a un hombre. Dentro de mí solo retumbó un "¿todavía se usa como pretexto ese argumento?". La patriarcanovela había comenzado,  la comercialización del amor una vez más fungía como pretexto para formar familias heteronormativas, o sea, esas familias que quiere la sociedad que sigan existiendo y que justifican cualquier marcha y partido político; esas familias disfuncionales donde la frustración del hombre por su sueldo y no tener un grado académico más alto se justifica en el "destino" de "salir embarazada" de la ahora su mujer. Buen momento para reflexionar en la diferencia de esta patriarcanovela y los matrimonios arreglados en India, créanlo, para la mentecita de la mujer todo ya estaba escrito solo faltaba musicalizarlo con sus llantos, los gritos y el sollozos del bebé en la cuna.

Mi relación con las pastillas del día después nunca fue oculta. El último trabajo de mi papá fue en el laboratorio que fabrica la Glanique; siempre estuvo él en tensión para que su producción fuera óptima y muchas mujeres tuvieran la libertad de tomarlas y, por supuesto, la empresa vendiera bastante. Soy proaborto pero no solapadora de los malos hábitos.


Considera que pudo ser la jaqueca de un viernes o el desvelo del domingo después del puente; tres copas y un mezcal, una cena o el consuelo premarital de las hormonas; el regocijo de la biología con máscaras de amor; tus apenas 18, el estreno de los 15 y la prueba de amor, tus 40 y sus 22; una reconciliación o el azar, tu elección, tu trauma... ¡lo siento, tampoco fue tu culpa!.. Pudo ser el cortejo, un acto de protesta o simple y llano pasatiempo. Lo que sea en donde haya sido y ligado al ideal o al manifiesto consensuado, la decisión de la anticoncepción se vuelve un juego y un compromiso que nos corresponde como seres sexuados.